Noticias de Tecnología e Internet del 06-09-2020

06-09-2020 | abc.es
Imprimir salmón en 3D
Los restaurantes veganos ya nos han demostrado que pueden fabricar carne o pescado «fake» a partir de cualquier otra materia orgánica. Ahora la ciencia viene a demostrarnos que esto también se puede lograr sin restaurantes veganos de por medio, otro paso más en el proceso evolutivo que nos aleja de la condición omnívora. La start up austriaca Legendary Vish, fruto de un proyecto de fin de carrera de tres estudiantes de Viena, ha diseñado un procedimiento automatizado para imprimir en 3D filetes de salmón vegano fabricado a base de proteínas de guisantes, algas y setas. «En realidad esa es la parte más fácil», fanfarronea Robin Simsa, uno de los tres cerebros. «Lo verdaderamente difícil ha sido conseguir un volumen de producción suficiente para poder comercializarlo y que nuestra tecnología sea competitiva en el mercado», añade. A menos que el comensal sea un noruego habituado al auténtico Oncorhynchus, en cuyo caso es más difícil que llegue a dar el pego, lo cierto es que el resultado final tiene apariencia de salmón y su sabor es relativamente parecido. Si un salmón de cría tarda tres años en poder llegar al plato, a la impresora de Simsa, Theresa Rothenbücher y Hakan Gürbüz le bastan apenas unos minutos. Estos jóvenes austriacos insisten en que los objetivos de su proyecto no son tanto económicos como ecológicos, centrados en productos que permiten a los consumidores conscientes de los problemas del medio ambiente disfrutar del pescado de origen vegetal sin las desventajas de la pesca. «Los daños al entorno, la sobrepesca, la acumulación de metales pesados, los microplásticos, los antibióticos o las hormonas del crecimiento en los animales son algunas de las desventajas de la industria pesquera tradicional que nosotros evitamos al proporcionar este producto vegano», enumera Theresa, que espera tener el producto a la venta en 2021. El grupo forma parte de los programas de las organizaciones europeas EIT Food y EIT Climate, y su salmón ha sido incluido en la lista de los «10 productos innovadores de 2020» de GreenStart Austria, una iniciativa pública para fomentar la creación de «empresas verdes». A partir de materias vegetales, recrean las proteínas, los ácidos grasos omega-3 y las vitaminas que caracterizan al salmón, garantizando unos aportes de nutrientes que no varían respecto al original y además «podemos producir salmón en formas inusuales como espirales o triángulos, o hacer sushi que parezca de atún pero sepa a salmón», lo que por lo visto es interesante y abre un mundo de posibilidades creativas en la cocina. Quizá porque, como el salmón fluvial, el ser humano gusta a menudo de nadar río arriba, a contracorriente, alejándose de la misma naturaleza que pretende proteger.
06-09-2020 | abc.es
La cara menos amable de Elon Musk: genio o charlatán
Hay figuras cautivadoras que, no por ello, se libran del fogonazo de las críticas. Elon Musk (Pretoria, 1971) es, para muchos, uno de los grandes ingenios del siglo XXI, pero su exigente estilo de gestión y su extravagante manera de ser le han llevado a oxidar su atractivo empresarial. Su cara menos amable es cada vez más poderosa, aunque no ha jugado en contra de su fortuna: ya es la tercera persona más rica del mundo gracias a sus ideas superlativas. En este tiempo, ha montado, desecho y levantado proyectos de gran magnitud en varias áreas como la energía renovable, el espacio e internet. En ningún momento le ha quebrado su rumbo a la innovación. Parte de su éxito ha sido involucrarse en proyectos de vanguardia como SpaceX, que explora los viajes espaciales privados y que ha inaugurado una nueva carrera espacial. Obsesionado con viajar al espacio, sueña con llevar al primer hombre a Marte. Otro de sus éxitos es Tesla, principal fabricante de coches electrónicos que tiene una valoración bursátil por encima del conjunto de las cinco marcas de automóviles. Es su mejor activo, pero también ha participado en la creación de ideas como Hyperloop, un tren supersónico; o OpenIA, firma de Inteligencia Artificial. Y otro ejemplo es The Boring Company, que propone una serie de túneles para solucionar el problema de tráfico de Los Ángeles. A medida que su figura ha cobrado mayor relevancia también ha despertado los fantasmas de la explotación laboral. Se declara un trabajador nato. Dice en entrevistas que es una persona hecha a sí misma, que el trabajo dignifica. Por ello asegura dedicarle unas ochenta horas semanales a sus empresas. Exempleados han denunciado, sin embargo, jornadas casi esclavistas y una precaria remuneración, como el caso de Neuralink, un proyecto de neurociencia. Científicos que han trabajado en su desarrollo han destapado sus dudas acerca de esta iniciativa que propone conectar el cerebro humano a un ordenador a través de un chip. Neurocientíficos, de hecho, han criticado este proyecto y han señalado en algunos foros que nada de lo que se ha mostrado representa ningún avance. Llevan décadas analizando el comportamiento del cerebro. En un artículo publicado en «The Conversation», Liset Menéndez de la Prida, directora del Laboratorio de Circuitos Neuronales Instituto Cajal del CSIC, aseguraba que la neurociencia sigue estando por encima de los desarrollos de Neurolink: «Jugó al juego de encantamiento. Llevan detrás años de dura y seria investigación científica», apuntó. Pero también han trascendido comportamientos durante su gestión que han criticado duramente que presione demasiado a sus trabajadores. Le llueven enemigos. En 2017, durante unas jornadas organizadas por «TechCrunch», un conocido experto en robótica llamado Rodney Brooks, director fundador del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT, y cofundador de iRobot y Rethink Robotics, llegó a decir de Musk que vendía, literalmente, humo y que no creía que comprendiera los avances logrados en el campo de la Inteligencia Artificial. Musk, en cualquier caso, imanta una personalidad resplandeciente. Desprende un halo de seguridad y confianza que le lleva a presentar sus juguetes en medio de una gran expectación. Es listo y sabe aprovechar su momento. Con su dosis diaria de verborrea, puede prometer cualquier cosa. Es un showman, un «vendetodo» que no duda en entrar haciendo un pase de baile o liarla como cuando le dio un par de caladas a un porro de marihuana durante una entrevista con Joe Rogan. Su imagen inhalando el humo dio la vuelta al mundo. Su vida personal está en consonancia con su trascendencia profesional. De padres separados, ha reconocido que se tomó su primer descanso a los 29 años. Vivió una dura infancia en pleno Apartheid, aunque proviene de una familia adinerada. En una biografía de Ashlee Vance titulada «Elon Musk: Tesla, SpaceX y la búsqueda de un futuro fantástico» (2015) consideraba incluso que las vacaciones son malas para la salud y pensaba que si uno quiere cambiar el mundo no puede tomarse tiempo libre ni para ir a ver a su hijo recién nacido. En el año 2000 sufrió un terrible episodio de malaria durante un viaje a Brasil del que se recuperó a los seis meses. Perdió veinte kilos de peso. Para ello, dijo tomar cloroquina, un medicamento que más recientemente ha defendido como útil para la lucha del coronavirus. No es médico ni virólogo, por lo que su comentario recibió muchas críticas. Ahora corre el riesgo de que el personaje que ha creado se le engulla.
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