Noticias de Tecnología e Internet del 09-09-2018

09-09-2018 | abc.es
La red de micromensajes busca nuevas fórmulas para reducir la tiranía de sus usuarios más provocadores, que a golpe de tuit causan la fuga de intelectuales y personalidades públicas. Lorenzo Silva, escritor - Oscar del Pozo «Twitter genera una falsa democracia» -¿Por qué decidió cerrar su perfil en esta plataforma? - Me proporcionaba más desventajas o inconvenientes que ventajas, me suponía más un coste de tiempo y de atención que de beneficio. Y también porque percibí que, a escala general y dada mi propia experiencia, al ir creciendo la visibilidad la conversación pasó de ser muy enriquecedora en un principio a irse degradando de manera galopante. - ¿A qué cree que se debe esa degradación? - Al contenido que primero se encontraba. En Twitter hay dos contenidos principales: el que te encuentras, que producen otros, y el que mantienes con el resto de usuarios. El contenido generado por otros me parece más inerte (e instulzación). Es bastante inútil ver cómo cuentan sus cosas cotidianas, insultan o se hacen notar para que que no se olvide de ellos, algo que la plataforma fomenta. Perder el tiempo en eso no es un uso muy inteligente. Luego el contenido que generas percibí que, si al principio las interacciones eran bastante constructivas e instructivas, me di cuenta que un porcentaje creciente era ciego, un fondo de saco. Como hablar contra la pared, y eso tampoco tiene mayor interés para mí. Y cuando crece tu audiencia puedes ver que estos mensajes de alguna manera es inasumible, difícil de procesar salvo que le dediques mucho tiempo al cabo del dia. - Sintió que se perdió el encanto. . Al principio era mucho eso. Un volumen principal iban por esos derroteros. Luego empezaron a entrar otras cosas, y tenía que desplazar mucha broza hasta llegar ahí. Hace poco me escribió una lectora a través de mi web para hablar de un libro. ¡Qué necesidad hay de que se exhiba una conversación entre una lectora y yo! Casi hasta perdemos. Miras el perfil [en Twitter] y son personas inmaduras sin ningún tipo de fuste. El tiempo es corto y los que tenemos una edad tenemos cada vez menos. Te genera un caudal de conversación que no tiene valor. La plataforma es la suma de sus mensajes. Su finalidad, y no nos engañemos, no es favorecer la conversación sino extraer datos de sus usuarios. Por su propio diseño y finalidad económica lo que hace es que ese tipo de contenidos [tóxicos] no lo restringe sino que ha generado una dinámica para fomentarlo. Cada vez veo más cosas y gente que ha perdido las maneras y las referencias. La plataforma incentiva eso, lo convierte todo en mensajes personales y te sientes interpelado. He visto conversaciones de personas a las que considero con buen criterio que pierden el tiempo en esto. - ¿Cree que el servicio visibiliza las conductas de la sociedad? - La ventaja que tiene es que ofrece una presencia libre e individual, y la gente toma la que crea conveniente. Para mí lo mejor es no estar. Si hacemos una valoración de qué contribuye al debate del conjunto de la sociedad, podemos decir que no la está mejorando. Genera una falsa democracia, los debates no son más ricos ni están más matizados. Tiene una pequeña pega, como todas estas plataformas, que es la necesidad de ser inmediato porque si no te pasas de moda, y hay cuestiones que requieren de un análisis y de llegar a una conclusión de que es posible que hay una incertidumbre. Está normalizando un modo de expresión categórica y precipitada; de ?aqui estoy yo?. Twitter ha generado esa palabra abominable llamada ?zasca?». Eric Frattini, escritor y periodista - Belén Díaz Alonso «Ya no hay riqueza en el debate» ¿Por qué decidió abandonar lo que usted llama «el bar» de Twitter? Por tres razones. El primero es que cambiaron el logaritmo y no me aparecían nada más que publicaciones relacionadas con el independentismo catalán, tema en el que yo he sido muy «cañero». Si quería saber, por ejemplo, que Fernando Alonso había abandonado la Fórmula 1, por Twitter no encontraba nada, situación que antes no pasaba. La segunda razón es que la compañía empezó a amenazar con que iba a retirar cuentas falsas y a mi me quitaron unos 500 seguidores. Y, por último, por cansancio. Al final siempre es lo mismo y el debate que había al principio, en el que las discusiones eran de todo tipo de temas y argumentadas, dejaron de existir. Sin embargo, su cuenta aún no ha desaparecido. Me recomendó un amigo que no la borrara, porque podrían crear un perfil y hablar en mi nombre, porque he sido muy belicoso. Después de anunciar en un tuit que me iba, recibí mensajes de mucha gente, de amigos e incluso de diputados, pidiéndome que no me marchara. Pero no quería seguir participando y ni siquiera he retuiteado desde entonces. Había gente con la que era un placer debatir y era precioso cuando comenzabas una discusión con, por ejemplo, Pérez-Reverte y, de repente, había personas anónimas que se habían leído tus libros o publicaciones que se metían y aportaban riqueza al debate intelectual. Pero hace mucho que Twitter ha dejado de ser eso. ¿No se va por los «haters»? No, a mi me dan igual. Entiendo que alguien que se compre mis libros y le parezcan una basura, me lo diga. Lo que no tolero es el insulto o la falta de respeto. La mayoría de insultos iban por el lado de ?puto facha?, cuando yo tenía 12 años cuando murió Franco y casi no sé cómo se escribe. En el momento en que alguien me falta al respeto, le bloqueo y punto. Tendré como 1.700 personas bloqueadas. ¿Es Twitter, en su opinión, fiel reflejo de la sociedad? Absolutamente. Lo que puse en la despedida, lo del ?bar? de Twitter, es porque ocurre lo mismo que en este tipo de establecimientos. Por la televisión en un bar sacan una imagen y todo el mundo se pone a comentar. En dos segundos son expertos en arquitectura; a los otros dos, en política; y, a los dos siguientes, en deportes. Twitter es el reflejo digital de la sociedad española. Y el anonimato se convierte en la puerta del insulto. Cuando vas a un bar y ves a un personaje popular, si tienes mucho valor, quizás lo saludes. Pero en redes sociales y gracias al supuesto anonimato, la gente se permite hasta insultar. Por ejemplo, una gran amiga mía, Cristina Cifuentes, aunque está alejada de la política aún tiene que aguantar que se le siga acosando por redes sociales, incluso cuando pone cosas sobre su familia o en vacaciones. Esos cobardes no tendrían el valor de acercarse en la vida real. Pero ojo, porque al anónimo ya le están empezando a tocar al timbre de casa y ha habido detenciones. ¿Cuándo acabó la «edad dorada» de Twitter? Para mí, que he estado nueve años, hasta 2012 había debates muy interesantes. Es curioso, pero últimamente he tenido buenas conversaciones en Linkedin. Pero es muy diferente, porque en esta red social todos llevamos nombre, apellidos, empresa y cargo, y nos jugamos mucho más. Si Twitter es el bar, LinkedIn sería la cafetería del Palace, donde todo es educación y en donde aún nadie me ha llamado fascista.
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09-09-2018 | abc.es
La degradación de la comunidad en Twitter provoca una fuga de cerebros
El mundo ha cambiado en los últimos diez años. La tecnología y, sobre todo, el crecimiento y popularización de los servicios de internet, ha modificado los hábitos de los consumidores. Los ciudadanos se han convertido en usuarios. En «hablantes» que alimentan los muros virtuales de las grandes plataformas sociales. De ellas, Twitter, la mayor red de micromensajes, sobresalió como una gota en medio de un mar de conexiones. Aspiraba a mejorar la democracia, a implantar una bidireccionalidad entre marcas o famosos con sus audiencias específicas. En definitiva, a crear conversación. Pero la descabalgada de los usuarios más provocadores, los llamados «trolls», y el crecimiento de la desinformación amenaza con llevarse por delante sus aportaciones al relato del mundo. La «tuitdemocracia» ha dejado de existir y se teme que se haya implantado una «tiranía» a golpe de «tuit». Intelectuales y personalidades famosas no han aguantado el acoso y derribo al que se han visto sometidos y han decidido abandonar la plataforma, que acumula más de 335 millones de usuarios a nivel global. Ejemplos, muchos: a nivel internacional han abandonado el barco la actriz Megan Fox (allá por 2013) o su compañera Millie Bobby Brown (ella tan solo hace unos meses después de convertirse en un «meme» homófobo). En nuestro país, la sangría ha sido notable. Los escritores Lorenzo Silva y Eric Frattini; el columnista David Gistau; el exministro y presentador Maxim Huerta; la «influencer» Dulceida y, después, su amigo, el director Javier Ambrossi, en represalia por los ataques hacia la «it girl» del momento. Por motivos diversos otros muchos famosos han tirado la toalla como Ed Sheeran, Alec Baldwin, Alisyn Camerota, Ta-Nehisi Coates, Andrés Calamaro, Jennifer Love Hewitt o Ashton Kutcher lo hicieron en los últimos años. Muchos de ellos aún conservan sus cuentas abiertas, pero ni rastro de actividad. ¿Acaso Twitter ha perdido su inocencia? «El problema es que ahora el fenómeno se ha masificado tanto que van en manada. Y con un único objetivo, porque están totalmente orquestados y financiados. Así son imposibles de combatir» «Se ha convertido en una especie de selva donde ya no se escucha ni se lee, como antes. No es territorio neutral», afirma Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, quien achaca a la «profesionalización» de los «trolls» que la red social del pájaro se haya convertido en un lugar hostil. Este experto recuerda casi con cariño a estos provocadores: «Eran seres entrañables, díscolos, desafortunados y totalmente desechables. E individuales. El problema es que ahora el fenómeno se ha masificado tanto que van en manada. Y con un único objetivo, porque están totalmente orquestados y financiados. Así son imposibles de combatir», se queja. Señala directamente a los partidos políticos como responsables del crecimiento de estos personajes. «La política ha entendido la influencia que tiene esta plataformay ahora trabajan en este campo. Y el problema es que Twitter está tomando partido», explica, refiriéndose a la «limpieza» que la plataforma ha hecho en los últimos meses para combatir las cuentas falsas. En teoría, se han eliminado los perfiles «congelados o restringidos» aquellos que han tenido algún «comportamiento sospechoso de repente» o los que no han confirmado su cuenta de correo electrónico para su verificación en los registros internos. Es decir, los inactivos. «Pero en realidad no nos han explicado muy bien por qué. De hecho, las quejas que tenemos en la asociación vienen más por el lado de que se eliminan cuentas sin dar demasiadas explicaciones», sostiene a este diario Domingo. Lorenzo Silva, escritor - Oscar del Pozo «Twitter genera una falsa democracia» -¿Por qué decidió cerrar su perfil en esta plataforma? - Me proporcionaba más desventajas o inconvenientes que ventajas, me suponía más un coste de tiempo y de atención que de beneficio. Y también porque percibí que, a escala general y dada mi propia experiencia, al ir creciendo la visibilidad la conversación pasó de ser muy enriquecedora en un principio a irse degradando de manera galopante. - ¿A qué cree que se debe esa degradación? - Al contenido que primero se encontraba. En Twitter hay dos contenidos principales: el que te encuentras, que producen otros, y el que mantienes con el resto de usuarios. El contenido generado por otros me parece más inerte (e instulzación). Es bastante inútil ver cómo cuentan sus cosas cotidianas, insultan o se hacen notar para que que no se olvide de ellos, algo que la plataforma fomenta. Perder el tiempo en eso no es un uso muy inteligente. Luego el contenido que generas percibí que, si al principio las interacciones eran bastante constructivas e instructivas, me di cuenta que un porcentaje creciente era ciego, un fondo de saco. Como hablar contra la pared, y eso tampoco tiene mayor interés para mí. Y cuando crece tu audiencia puedes ver que estos mensajes de alguna manera es inasumible, difícil de procesar salvo que le dediques mucho tiempo al cabo del dia. - Sintió que se perdió el encanto. . Al principio era mucho eso. Un volumen principal iban por esos derroteros. Luego empezaron a entrar otras cosas, y tenía que desplazar mucha broza hasta llegar ahí. Hace poco me escribió una lectora a través de mi web para hablar de un libro. ¡Qué necesidad hay de que se exhiba una conversación entre una lectora y yo! Casi hasta perdemos. Miras el perfil [en Twitter] y son personas inmaduras sin ningún tipo de fuste. El tiempo es corto y los que tenemos una edad tenemos cada vez menos. Te genera un caudal de conversación que no tiene valor. La plataforma es la suma de sus mensajes. Su finalidad, y no nos engañemos, no es favorecer la conversación sino extraer datos de sus usuarios. Por su propio diseño y finalidad económica lo que hace es que ese tipo de contenidos [tóxicos] no lo restringe sino que ha generado una dinámica para fomentarlo. Cada vez veo más cosas y gente que ha perdido las maneras y las referencias. La plataforma incentiva eso, lo convierte todo en mensajes personales y te sientes interpelado. He visto conversaciones de personas a las que considero con buen criterio que pierden el tiempo en esto. - ¿Cree que el servicio visibiliza las conductas de la sociedad? - La ventaja que tiene es que ofrece una presencia libre e individual, y la gente toma la que crea conveniente. Para mí lo mejor es no estar. Si hacemos una valoración de qué contribuye al debate del conjunto de la sociedad, podemos decir que no la está mejorando. Genera una falsa democracia, los debates no son más ricos ni están más matizados. Tiene una pequeña pega, como todas estas plataformas, que es la necesidad de ser inmediato porque si no te pasas de moda, y hay cuestiones que requieren de un análisis y de llegar a una conclusión de que es posible que hay una incertidumbre. Está normalizando un modo de expresión categórica y precipitada; de ?aqui estoy yo?. Twitter ha generado esa palabra abominable llamada ?zasca?». Conforme el servicio ha ganado en seguidores, el aumento de un tipo de «tuitero» que al amparo del anonimato del que se sirve la red social no cesa en proferir insultos y acuchillar digitalmente a todo aquel que no piense como él ha provocado un éxodo de intelectuales y personalidades famosas en sus trabajos. Cansados. Hastiados. No ha contribuido tampoco la propia compañía norteamericana a sanear su propia plataforma. Entre algunas de las medidas que ha llevado a cabo para reducir el impacto de los mensajes de contenido extremista y la presencia de «trolls» se encuentra la eliminación de aquellos perfiles que no han completado el formulario de inscripción una vez registradas sus cuentas. El acoso y derribo hacia los famosos y la polarización de los temas candentes amenazan la conversación en la red social. Aunque también ha dado pasos hacia una mejora de las publicaciones, la esencia más pura de Twitter radica en la inmediatez y el escaso espacio de los mensajes -desde el año pasado se permite hasta 280 caracteres-. Una fórmula que obliga a condensar las opiniones, a sintetizar los mensajes. Lo que más se estila es ser categórico y rotundo, aunque los llamados «hilos» -encadenar «tuits» para formar parte de un todo- ha cobrado una gran relevancia en los dos últimos años, inaugurando, además, una nueva narrativa de comunicación. Más voces, más discusión ¿Ha servido para relanzar los discursos? Los expertos dudan que se haya ganado en un lenguaje más reposado, cargados matices y buscando puntos de vista distintos. «Cuantos más beneficios buscan más explota la plataforma fomentando dinámicas que generan ruido. Es una red que sirve para comunicar y discutir, pero la intervención comerical daña al sistema y dificulta que haya una conversación más normal y pausada», apunta Javier González de Rivera, profesor de Sociología de la Universidad Complutense. «Intervienen y degradan la propia experiencia de uso, la desnaturaliza de algún modo y hace que la gente esté un poco cansada» Otro aspecto interesante sobre la evolución de la plataforma es el aumento del número de usuarios que se ha producido. «Al aumentar los perfiles hay una mayor representación de grupos y clases sociales, y eso hace que existan más polémicas», añade este experto, quien recuerda que a medida que se han sumado seguidores ha crecido la potencialidad de conflicto. En su opinión, una de las aportaciones de Twitter es que el espacio sea el mismo para todos. «Elimina el contexto social» implantando un efecto liberador y democratizador, aunque a veces puede derivar en «una agresividad excesiva y comentarios irreflexivos». También juegan un papel importante los algoritmos, fórmulas matemáticas que se emplean en este tipo de servicios para organizar los contenidos, pero que «intervienen y degradan la propia experiencia de uso, la desnaturaliza de algún modo y hace que la gente esté un poco cansada», añade De Rivera. Su gran desafío pasa por eliminar a los «tuiteros» de ideologías extremistas y reducir la desinformación sin que merme la audiencia. Eric Frattini, escritor y periodista - Belén Díaz Alonso «Ya no hay riqueza en el debate» ¿Por qué decidió abandonar lo que usted llama «el bar» de Twitter? Por tres razones. El primero es que cambiaron el logaritmo y no me aparecían nada más que publicaciones relacionadas con el independentismo catalán, tema en el que yo he sido muy «cañero». Si quería saber, por ejemplo, que Fernando Alonso había abandonado la Fórmula 1, por Twitter no encontraba nada, situación que antes no pasaba. La segunda razón es que la compañía empezó a amenazar con que iba a retirar cuentas falsas y a mi me quitaron unos 500 seguidores. Y, por último, por cansancio. Al final siempre es lo mismo y el debate que había al principio, en el que las discusiones eran de todo tipo de temas y argumentadas, dejaron de existir. Sin embargo, su cuenta aún no ha desaparecido. Me recomendó un amigo que no la borrara, porque podrían crear un perfil y hablar en mi nombre, porque he sido muy belicoso. Después de anunciar en un tuit que me iba, recibí mensajes de mucha gente, de amigos e incluso de diputados, pidiéndome que no me marchara. Pero no quería seguir participando y ni siquiera he retuiteado desde entonces. Había gente con la que era un placer debatir y era precioso cuando comenzabas una discusión con, por ejemplo, Pérez-Reverte y, de repente, había personas anónimas que se habían leído tus libros o publicaciones que se metían y aportaban riqueza al debate intelectual. Pero hace mucho que Twitter ha dejado de ser eso. ¿No se va por los «haters»? No, a mi me dan igual. Entiendo que alguien que se compre mis libros y le parezcan una basura, me lo diga. Lo que no tolero es el insulto o la falta de respeto. La mayoría de insultos iban por el lado de ?puto facha?, cuando yo tenía 12 años cuando murió Franco y casi no sé cómo se escribe. En el momento en que alguien me falta al respeto, le bloqueo y punto. Tendré como 1.700 personas bloqueadas. ¿Es Twitter, en su opinión, fiel reflejo de la sociedad? Absolutamente. Lo que puse en la despedida, lo del ?bar? de Twitter, es porque ocurre lo mismo que en este tipo de establecimientos. Por la televisión en un bar sacan una imagen y todo el mundo se pone a comentar. En dos segundos son expertos en arquitectura; a los otros dos, en política; y, a los dos siguientes, en deportes. Twitter es el reflejo digital de la sociedad española. Y el anonimato se convierte en la puerta del insulto. Cuando vas a un bar y ves a un personaje popular, si tienes mucho valor, quizás lo saludes. Pero en redes sociales y gracias al supuesto anonimato, la gente se permite hasta insultar. Por ejemplo, una gran amiga mía, Cristina Cifuentes, aunque está alejada de la política aún tiene que aguantar que se le siga acosando por redes sociales, incluso cuando pone cosas sobre su familia o en vacaciones. Esos cobardes no tendrían el valor de acercarse en la vida real. Pero ojo, porque al anónimo ya le están empezando a tocar al timbre de casa y ha habido detenciones. ¿Cuándo acabó la «edad dorada» de Twitter? Para mí, que he estado nueve años, hasta 2012 había debates muy interesantes. Es curioso, pero últimamente he tenido buenas conversaciones en Linkedin. Pero es muy diferente, porque en esta red social todos llevamos nombre, apellidos, empresa y cargo, y nos jugamos mucho más. Si Twitter es el bar, LinkedIn sería la cafetería del Palace, donde todo es educación y en donde aún nadie me ha llamado fascista.
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