Noticias de Tecnología e Internet del 17-02-2020

17-02-2020 | abc.es
Facebook cambia sus reglas publicitarias por culpa de un «meme»
Política desde un clic. Política a través de redes sociales. Política, al fin y al cabo, que aprovecha los entornos digitales al alcance de cualquiera para propagar sus mensajes electorales. Y recordemos: esto no ha hecho nada más que volver a empezar porque en 2020 hay elecciones presidenciales en Estados Unidos. Aunque no existen certezas de que en la elección de Donald Trump hace cuatro años viniera impulsado por Facebook, lo cierto es que los dos bandos, el Partido Demócrata y el Partido Republicano, han utilizado las redes sociales como armas de propaganda. Se mira con lupa al gigante de internet. Es la única gran plataforma social que se ha cerrado a la verificación de la información en sus anuncios políticos. Al contrario que Google -en en menor medida- y Twitter, que ha dejado de aceptar este tipo de publicidad en su plataforma. Pero Facebook está, de nuevo, entre la espada y la pared. La compañía anunció el viernes que va a permitir que los llamados «influencers» produzcan contenido pagado para campañas políticas siempre que las publicaciones estén claramente identificadas como anuncios. Lo ha hecho después de otro lío en su inventario. El cambio se produjo después de que el candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, Michael Bloomberg, pagara a usuarios «influencers» para producir «memes» y fotomontajes en Instagram, aplicación de fotografía propiedad de Facebook, de su campaña. «Memes» sobre sí mismo que hagan parecer divertido al multimillonario. De esta manera, la campaña, lanzada la pasada semana, confeccionó una serie de publicaciones de corte humorístico que tenían forma de falsos mensajes privados enviados por Bloomberg. En total, el equipo del candidato contrató una veintena de «influencers» con una audiencia total de más 60 millones de seguidores. Aparecieron en cuentas de Instagram como @GrapeJuiceBoys (con más de 2,7 millones de seguidores) o @Tank.Sinatra (con cerca de 2,3 millones). El objetivo era «rejuvenecer» los mensajes al candidato, de 78 años, y «vender» entre los usuarios de estos servicios, generalmente más jóvenes, que podía ser una buena elección. La estrategia de pagar a usuarios «influyentes» de las redes sociales para difundir mensajes políticos o crear contenido ha empezado a cobrar un nuevo impulso en la carrera presidencial, pero las reglas de uso en torno a esta práctica habían sido confusas. Algo que ha motivado a cambiarlas con urgencia. «Después de escuchar varias campañas, estamos de acuerdo en que hay un lugar para el contenido de marca en la discusión política en nuestras plataformas», apuntaron fuentes de Facebook en un comunicado. El asunto es que la campaña de Bloomberg ha empleado un resquicio en los términos de uso que le permitía explotar la herramienta de contenido de marca de Facebook, por el cual la red social no obtiene dinero directamente y que las instituciones pueden pagar a los creadores, quedando eximidos del registro publicitario. La Comisión Federal de Comercio en Estados Unidos exige, en cambio, que los «influencers» y creadores de contenido etiqueten claramente las publicaciones patrocinadas en sus perfiles. Facebook aseguró entonces que el contenido patrocinado de los anunciantes políticos no se incluirá en su librería de anuncios, una base de datos que proporciona una cierta transparencia en torno a la publicidad política.
17-02-2020 | abc.es
El 5G reportará escasos ingresos a las «telecos»
Los operadores europeos de telecomunicaciones no obtendrán réditos significativos con el 5G, a pesar del «ruido» comercial y mediático generado con el actual despliegue de infraestructuras de esta tecnología. Según un informe de la analista Scope, el coste de las subastas del espectro 5G será asumible por las compañías y los altos precios de puja registrados en 2018 en Italia y en 2019 en Alemania seguirán siendo la excepción. El gasto en infraestructuras tampoco aumentará significativamente con el 5G, toda vez que los operadores pueden utilizar las torres existentes para instalar nuevos equipos a medida que el consumo de 3G y 4G se reduce. Pero la tecnología en sí misma no tendrá un impacto significativo en los ingresos o en los gastos de capital. Los expertos ven «poco probable que el 5G transforme las modestas perspectivas de crecimiento de las ventas de los próximos años». Además, destacan que el margen para las fusiones y adquisiciones transfronterizas de empresas es limitado. Las operadoras tienen «pocas opciones de crecer en el exterior dada la ausencia de sinergias transnacionales», mientras que las autoridades de competencia de Europa han impedido prácticamente la consolidación del sector móvil a nivel nacional. Scope aventura que habrá nuevas ventas de activos en los mercados emergentes que están madurando y spin-off de negocios de torres de telefonía móvil y redes de fibra, o salidas a bolsa parciales, que deberían ayudar a los operadores a proteger la calidad del crédito. Por todo ello, los directores financieros de las teleoperadoras están centrando su atención en la gestión de los balances para preservar las calificaciones crediticias con políticas de dividendos «cada vez más conservadoras y la venta de activos no esenciales». En lo que se refiere al consumidor, Scope espera que el 5G -como ocurrió con el 4G y el 3G- fomente un mayor consumo de datos en lugar de generar flujos de ingresos de nuevos mercados -como el «Internet de las cosas», la realidad virtual y las aplicaciones de salud digital-, «que probablemente sigan siendo un nicho».
17-02-2020 | abc.es
Temor al reconocimiento facial: ¿deberíamos prohibir esta tecnología?
De unos años a esta parte, nos hemos acostumbrado a vivir con las cámaras de vigilancia. Tanto, que ni siquiera reparamos en su presencia. Si sale de casa, y pega una vuelta por el centro de su ciudad, seguramente se sorprenda con la cantidad de dispositivos de este tipo anclados a las fachadas. Ahora, gracias al desarrollo de la tecnología, algunos paises han decidido dar una paso más y añadirles un software de reconocimiento facial con fines de vigilancia. Algo que ha generado una importante polémica debido a sus implicaciones éticas y legales. «Teniendo en cuenta el desarrollo de la tecnología, es normal que se emplee. Pero esto no significa que sea necesariamente bueno. Hay un problema de reflexión. Estamos viendo que el reconocimiento facial se está empleando, en algunos casos, para monitorizar a la población. Especialmente en lugares donde no hay derechos reconocidos», dice a este diario Ofelia Tejerina, abogada y presidenta de la Asociación de Internautas. «Hay un problema de reflexión. Estamos viendo que el reconocimiento facial se está empleando, en algunos casos, para monitorizar a la población» Efectivamente, esta tecnología se está asentando con facilidad. «Smartphones», como el iPhone X y 11 o el Samsung Galaxy S20, permiten su empleo para mejorar la seguridad del dispositivo. Lo mismo ocurre con entidades bancarias, comercios o redes sociales como Facebook. Incluso las empresas automovilísticas están trabajando para adoptarla, junto al reconocimiento de voz, en sus futuros vehículos. Hasta aquí, todo correcto. Sin embargo, cuando se emplea en espacios públicos con fines de vigilancia, ¿qué pasa si falla o se le da un uso erroneo? «Ante un error del software de reconocimiento, que podría ocurrir, el usuario va a tener muy difícil demostrar que él no estaba ahí. También hay que saber quien tiene acceso a esa información y para qué la va a utilizar. Si hubiese una brecha de seguridad, y alguien la emplease para hacer ver que estaba en un sitio, puede resultar también muy difícil demostrar lo contrario. Por otra parte, si esa tecnología cuenta con mecanismos para reconocer las emociones e intenciones de los ciudadanos, nos encontramos ante otro problema. ¿Qué pasaría si se utilizase esa información para realizar propaganda electoral? La manipulación del ciudadano sería mucho más fácil con esos datos», explica Tejerina. Monitorización social La preocupación por el uso de esta tecnología no es infundada. Especialmente, si atendemos al empleo que se le está dando en países como China. «Existe un gran riesgo de que el Estado [chino] pueda utilizar estos datos para sus propios fines como la vigilancia, el seguimiento de disidentes políticos, el control de la sociedad y de la información, así como de los perfil étnicos o, como en el caso de los uigures en Xinjiang, incluso para implantar un sistema vigilancia policial predictiva», explicaba hace unos meses en declaraciones a AFP Adam Ni, investigador de China en la Universidad Macquarie de Sydney (Australia). Más allá del estado asiático, la policía de Londres (Reino Unido) ha avanzado su intención de usar cámaras con reconocimiento facial en sus labores de vigilancia de delincuentes. A su vez, el reciente descubrimiento de un software que empleaba el FBI estadounidense ha vuelto a poner de relieve la falta de una regulación más exhaustiva en esta materia. Desarrollado por una «startup» desconocida llamada Clearview IA, su objetivo es el reconocimiento facial de posibles delincuentes. En este caso, una sola fotografía es más que suficiente para acceder a un banco de 3.000 millones de imágenes. Falta de regulación Estos ejemplos han llevado a la Comisión Europea a meditar la posibilidad de prohibir durante cinco años su empleo con fines de identificación en lugares públicos. Sin embargo, según adelantaba hace unos días «Expansión», Bruselas ha terminado optando por dejar en manos de los estados miembro la posibilidad de adoptarla o restringirla. Independientemente de lo que ocurra, los juristas destacan la importancia de que el uso se regule específicamente. Y es que el reconocimiento facial no solo representa un riesgo para el derecho a la privacidad de las personas, sino que también choca contra la libertad de expresión reconocida por las constituciones occidentales. «Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, pero como tiene una característica especial necesita una regulación igualmente peculiar porque ahora mismo es genérica» «A diferencia de otros mecanismos de seguimiento, con el reconocimiento facial tú no puedes desconectar tu cara. Si no quiero que me sigan con el GPS, desconecto la función del móvil. Con la red Wifi sucede igual. Pero no puedo apagar mi rostro temporalmente. Y no puedo ir por la calle con un pasamontañas. Además, el reconocimiento facial es invisible para el usuario por lo que tú no te das cuenta de que te están haciendo un reconocimiento», apunta a ABC Samuel Parra, jurista experto en derecho digital. El abogado destaca, además, que en el marco del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) se considera que el rostro es un dato biométrico que identifica a una persona. Algo que implica que es personal, y, por tanto sensible: «Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, pero como tiene una característica especial necesita una regulación igualmente peculiar porque ahora mismo es genérica».
17-02-2020 | abc.es
Reconocimiento facial: ¿deberíamos prohibir esta tecnología?
De unos años a esta parte, nos hemos acostumbrado a vivir con las cámaras de vigilancia. Tanto, que ni siquiera reparamos en su presencia. Si sale de casa, y pega una vuelta por el centro de su ciudad, seguramente se sorprenda con la cantidad de dispositivos de este tipo anclados a las fachadas. Ahora, gracias al desarrollo de la tecnología, algunos paises han decidido dar una paso más y añadirles un software de reconocimiento facial con fines de vigilancia. Algo que ha generado una importante polémica debido a sus implicaciones éticas y legales. «Teniendo en cuenta el desarrollo de la tecnología, es normal que se emplee. Pero esto no significa que sea necesariamente bueno. Hay un problema de reflexión. Estamos viendo que el reconocimiento facial se está empleando, en algunos casos, para monitorizar a la población. Especialmente en lugares donde no hay derechos reconocidos», dice a este diario Ofelia Tejerina, abogada y presidenta de la Asociación de Internautas. Efectivamente, esta tecnología se está asentando con facilidad. «Smartphones», como el iPhone X y 11 o el Samsung Galaxy S20, permiten su empleo para mejorar la seguridad del dispositivo. Lo mismo ocurre con entidades bancarias, comercios o redes sociales como Facebook. Incluso las empresas automovilísticas están trabajando para adoptarla, junto al reconocimiento de voz, en sus futuros vehículos. Hasta aquí, todo correcto. Sin embargo, cuando se emplea en espacios públicos con fines de vigilancia, ¿qué pasa si falla o se le da un uso erroneo? «Ante un error del software de reconocimiento, que podría ocurrir, el usuario va a tener muy difícil demostrar que él no estaba ahí. También hay que saber quien tiene acceso a esa información y para qué la va a utilizar. Si hubiese una brecha de seguridad, y alguien la emplease para hacer ver que estaba en un sitio, puede resultar también muy difícil demostrar lo contrario. Por otra parte, si esa tecnología cuenta con mecanismos para reconocer las emociones e intenciones de los ciudadanos, nos encontramos ante otro problema. ¿Qué pasaría si se utilizase esa información para realizar propaganda electoral? La manipulación del ciudadano sería mucho más fácil con esos datos», explica Tejerina. Monitorización social La preocupación por el uso de esta tecnología no es infundada. Especialmente, si atendemos al empleo que se le está dando en países como China. «Existe un gran riesgo de que el Estado [chino] pueda utilizar estos datos para sus propios fines como la vigilancia, el seguimiento de disidentes políticos, el control de la sociedad y de la información, así como de los perfil étnicos o, como en el caso de los uigures en Xinjiang, incluso para implantar un sistema vigilancia policial predictiva», explicaba hace unos meses en declaraciones a AFP Adam Ni, investigador de China en la Universidad Macquarie de Sydney (Australia). Más allá del estado asiático, la policía de Londres (Reino Unido) ha avanzado su intención de usar cámaras con reconocimiento facial en sus labores de vigilancia de delincuentes. A su vez, el reciente descubrimiento de un software que empleaba el FBI estadounidense ha vuelto a poner de relieve la falta de una regulación más exhaustiva en esta materia. Desarrollado por una «startup» desconocida llamada Clearview IA, su objetivo es el reconocimiento facial de posibles delincuentes. En este caso, una sola fotografía es más que suficiente para acceder a un banco de 3.000 millones de imágenes. Falta de regulación Estos ejemplos han llevado a la Comisión Europea a meditar la posibilidad de prohibir durante cinco años su empleo con fines de identificación en lugares públicos. Sin embargo, según adelantaba hace unos días «Expansión», Bruselas ha terminado optando por dejar en manos de los estados miembro la posibilidad de adoptarla o restringirla. Independientemente de lo que ocurra, los juristas destacan la importancia de que el uso se regule específicamente. Y es que el reconocimiento facial no solo representa un riesgo para el derecho a la privacidad de las personas, sino que también choca contra la libertad de expresión reconocida por las constituciones occidentales. «A diferencia de otros mecanismos de seguimiento, con el reconocimiento facial tú no puedes desconectar tu cara. Si no quiero que me sigan con el GPS, desconecto la función del móvil. Con la red Wifi sucede igual. Pero no puedo apagar mi rostro temporalmente. Y no puedo ir por la calle con un pasamontañas. Además, el reconocimiento facial es invisible para el usuario por lo que tú no te das cuenta de que te están haciendo un reconocimiento», apunta a ABC Samuel Parra, jurista experto en derecho digital. El abogado destaca, además, que en el marco del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) se considera que el rostro es un dato biométrico que identifica a una persona. Algo que implica que es personal, y, por tanto sensible: «Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, pero como tiene una característica especial necesita una regulación igualmente peculiar porque ahora mismo es genérica».
1