Noticias de "google"

16-10-2017 | abc.es
El primer móvil con el mismo cerebro que una avispa
La guerra por la IA móvil ha empezado. Y promete recrudecerse durante los próximos años. Será, además, una guerra muy diferente de la que hemos conocido hasta ahora, porque no se trata ya solo de aumentar la capacidad de procesamiento de los móviles, sino de un auténtico cambio de concepto que pasa por dotar a nuestros teléfonos de la capacidad de aprender y decidir por sí mismos la mejor forma de funcionar. Hasta ahora, la batalla había consistido en fabricar procesadores cada vez más pequeños y potentes, CPUs más rápidas, procesadores gráficos más eficientes? chips, en definitiva, que multiplicaran su capacidad de cálculo, su potencia gráfica y minimizaran, al mismo tiempo, el consumo de batería. Pero la Inteligencia Artificial móvil no va de eso. O por lo menos no solo de eso. La potencia sin control no es más que fuerza bruta, y con ella nuestros terminales pueden, sí, realizar millones, o miles de millones, de procesos por segundo, pero seguirán estando ciegos y ajenos al mundo que les rodea. El cerebro humano no puede ni podrá nunca ser más rápido que un procesador convencional a la hora de hacer cálculos, analizar sistemas complejos, hacer estadísticas o calcular probabilidades. Pero puede diferenciar a un perro de un gato de forma instantánea, algo que ningún procesador convencional puede hacer sin antes analizar y comparar miles, o cientos de miles, de variables, combinaciones, formas, figuras y datos dispersos. Un análisis que puede llevar horas y que convierte ese tipo de tareas en algo inviable o, como mínimo, poco práctico para lo que es nuestro uso diario de un teléfono móvil. Es ahí precisamente donde la IA móvil pone su foco. Porque de lo que se trata es de conseguir que nuestros smartphones sean capaces de «aprender» directamente de su entorno, y de que usen además lo aprendido para tomar sus propias decisiones y ser más eficientes, de un modo que ninguna CPU convencional puede conseguir. En esta línea, que promete ser la que marque tendencia durante los próximos años, se encuadra lo que es toda una nueva guerra tecnológica que enfrenta ya entre sí a varios competidores. El fabricante de procesadores Qualcomm, por ejemplo, con su reciente Snapdragon 835, el chip que montan muchos de los smartphones de gama alta de este año, afirma que «ya está preparado para la Inteligencia Artificial», y ha conseguido que los móviles que integran su procesador empiecen a lidiar con contenidos de realidad virtual y aumentada. Otros fabricantes de procesadores, como AMD, Intel MediaTek o Samsung, también se han sumado, o están a punto de hacerlo, a esta nueva carrera tecnológica. Hasta el momento, se podría decir que los smartphones se han beneficiado de la Inteligencia Artificial de una forma indirecta. La IA en la nube, en efecto, es ya una realidad, y sus aplicaciones se multiplican por doquier. Sin embargo, su uso desde un smartphone se ve limitado por problemas como la latencia, la estabilidad de las plataformas o los riesgos para la privacidad. Algo que no sucedería si la IA estuviera no solo en la nube, sino también «embebida» en el propio móvil. Google, por ejemplo, lleva años trabajando en soluciones de Inteligencia Artificial en la nube, y permite que los móviles disfruten de ellas a través de apps como la popular ?Fotos?, a la que podemos pedir, entre otras cosas, que nos muestre en pantalla todas las imágenes que tengamos de un objeto concreto (gato, perro, paella, niños?). Otro gigante, Microsoft, desarrolla sistemas de reconocimiento de voz y traducción simultánea basados en Inteligencia Artificial, mientras que IBM sigue perfeccionando su plataforma Watson, un sistema de conocimiento global capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural, de realizar análisis y de relacionar datos de una forma que hasta ahora parecía imposible. Todo ello, sin embargo, muy difícil de implementar en un smartphone. Con la IA en pleno desarrollo en la nube, había que dar un paso más, que era llevarla, también, al «cerebro» interno del propio móvil, y eso es exactamente lo que hizo Apple en la reciente presentación de sus nuevos iPhone 8, 8 Plus y X. La firma de la manzana, en efecto, presentó junto a sus nuevos móviles el procesador A11 Bionic, el primero de la compañía que integraba un «procesador neural» capaz de analizar su entorno y reaccionar en consecuencia. En las pruebas de rendimiento, el nuevo chip destrozó, literalmente, a toda su competencia, con más del doble de rendimiento y solo la mitad de consumo de batería que los demás. Apple utilizó la recién adquirida «inteligencia» de su iPhone para mejorar las prestaciones de la cámara, la velocidad y el consumo energético, pero sobre todo para presentar al mundo un nuevo sistema de reconocimiento facial, Face ID, totalmente diferente a lo que existía hasta el momento. Los de Cupertino, sin embargo, no han sido los únicos que han decidido llevar la IA al móvil. Y con apenas unas semanas de diferencia, la multinacional china Huawei acaba de presentar al mundo su nuevo Mate 10, el primer móvil Android con Inteligencia Artificial incorporada y unas prestaciones, según fuentes de la multinacional china, que empequeñecen a las del iPhone 8. Enjoy more experiences with #HuaweiMate10, powered with 4000mAh ultra long-lasting battery to last two days of normal usage. pic.twitter.com/ivVLnfZtan? Huawei Smartphones (@HuaweiPhones) October 16, 2017A finales de Agosto, Huawei ya presentó en la feria IFA, en Berlín, su nuevo procesador Kirin 970, el primero que, junto a los habituales CPU y GPU, cuenta también con una Unidad de Procesamiento Neuronal (NPU). Fabricado con tecnología de 10 nanómetros, el nuevo procesador condensa 5.500 millones de transistores en apenas un cm. cuadrado, y gracias a su NPU, multiplica por 25 el rendimiento de otros procesadores, con un consumo de energía 50 veces inferior. Si le preguntamos a alguien cuál es el dígito número 100 del número Pi, nadie lo sabría, mientras que una CPU convencional respondería de inmediato. Pero si le preguntamos «¿Es esto una mesa?», la CPU se pondrá durante horas a comparar formas, ángulos y figuras antes de contestar. Un humano, por el contrario, lo hará de inmediato. Nuestro cerebro es un auténtico procesador de conocimientos, y la NPU también. A partir de datos históricos (experiencias) de las que va aprendiendo, la Unidad de Procesamiento Neuronal es capaz de predecir, sacar conclusiones y decidir la mejor forma de actuar. Ni qué decir tiene que el Kirin 970 es el procesador elegido para el Mate 10, el nuevo buque insignia de la compañía, presentado oficialmente hoy en Múnich ante 2.000 periodistas de todo el mundo. Según explicó a ABC Baofeng Zhang, vicepresidente de Ingeniería de software de Huawei, «La inteligencia es la habilidad de aprender, entender y formarse juicios y opiniones. Creo que los móviles pueden hacer todo esto. Existe una inteligencia individual y una colectiva. Y la inteligencia móvil es la suma de la inteligencia en la nube y la inteligencia del propio móvil. Si abres la cámara de un móvil durante 24 horas seguidas, captará un montón de escenas. Puedes procesar esas escenas en la red, pero será un proceso largo y muy costoso en conexiones. Pero si las procesas en tiempo real, dentro del propio móvil, todo será más rápido y económico, y usarás mucha menos energía. Los móviles necesitan percibir los entornos en los que están, comprender lo que ven y actuar en consecuencia.» En palabras de Zhang, el nuevo procesador del Mate 10 «equivale al cerebro de una avispa», y es capaz de reconocer 2.005 imágenes por minuto, frente a, por ejemplo, las 75 que reconoce un Samsung Galaxy S8 en el mismo periodo de tiempo. Su velocidad, pues, es más de 20 veces superior a la de una CPU convencional. El Kirin 970 puede analizar hasta 300 fotos en 6 segundos, un trabajo que a una CPU convencional le cuesta 120 segundos. ¿IA para qué? No es de extrañar, pues, que una de las principales aplicaciones de Inteligencia Artificial del Mate 10 se de en el campo de la fotografía. El teléfono, en efecto, es capaz de reconocer lo que tiene delante nada más abrir la cámara: un rostro, un paisaje, un animal, comida, un sujeto en movimiento, una escena nocturna? y configurar automáticamente todos sus parámetros en milésimas de segundo para obtener, en cada ocasión, la mejor foto posible. El teléfono, además, tiene la capacidad de ir aprendiendo a medida que lo utilizamos, de forma que no responde nunca a una configuración preestablecida, sino que la va modificando según sean sus propias «experiencias». El Mate 10 reconoce, por ahora, 13 tipos diferentes de objetos o escenas, y reacciona en consecuencia al detectar cualquiera de ellos. Para alcanzar este conocimiento de base, que viene incluido de fábrica, cada smartphone ha sido «alimentado» con más de 100 millones de fotografías. Dotado con una doble cámara principal (una de 20 megapixeles monocroma y otra de 12 megapixeles en color), tiene además una apertura de f/1.6, lo que le permite captar mucha más luz en escenas nocturnas o poco iluminadas. Low light? No problem. With the world?s largest dual f/1.6 aperture, #HuaweiMate10?s new #LeicaCamera captures every dimly-lit moment. pic.twitter.com/Ng6Wu3nbmp? Huawei Smartphones (@HuaweiPhones) October 16, 2017Otra de las posibilidades del procesador del nuevo Mate 10 es lo que Baofeng Zhang llama «visión computerizada en tiempo real», o realidad aumentada enriquecida, que viene a ser la posibilidad de obtener información complementaria sobre una fotografía, o sobre lo que vemos a través de la cámara del móvil. Gracias a la IA, en efecto, el móvil podrá decirnos qué edificio es el que tenemos en pantalla, o qué obra de arte o personaje. Para ello, y sin que nos demos cuenta, el móvil irá descargando imágenes (a razón de 2.005 por minuto) para compararlas con la que tiene delante. De la misma forma, también será capaz de reconocer con precisión cualquier texto que aparezca en pantalla y transcribirlo o traducirlo a cualquier idioma gracias a una aplicación desarrollada ex profeso para este teléfono por Microsoft. Su precio es de 699 euros y de 799 en su versión Pro, mientras que la edición Porsche design vale 1.395. El Mate 10 también utiliza la IA para maximizar su rendimiento y duración en el tiempo. Después de un año de uso, en efecto, el rendimiento de cualquier teléfono móvil habrá caído más o menos a la mitad. Sin embargo, el nuevo buque insignia de Huawei conservará intacto el 89% de su rendimiento inicial tras 18 meses de uso continuado. Algo que consigue analizando el comportamiento del usuario con el móvil y adelantándose a los usos futuros, y configurando sus parámetros de la mejor forma posible. Un análisis similar permite también alargar sensiblemente la vida de la batería, que es de 4.000 miliamperios y cuyo sistema de carga rápida promete, en solo 30 minutos, restablecer un 58 % de batería. El fabricante promete dos Dias de duración de una carga para un usuario ?normal?, y más de un día para los ?heavy users?. En cuanto a la pantalla, el nuevo terminal incorpora una Huawei Full VIEW Display de 5,9 pulgadas (2560x1440 píxeles y HDR) y formato 16:9, mientras que la versión Pro crece hasta las 6 pulgadas (OLED, con resolución de 2160por 1080 píxeles), y adopta un formado de 18:9. Su brillo, de 730 bits, garantiza que podremos ver claramente la pantalla incluso a plena luz del sol. Ambos modelos son resistentes al agua, aunque en diferente medida. Así, el Mate 10 cuenta con la certificación IP 53, lo suficiente como para aguantar el tipo bajo la lluvia y el Pro con la IP 67, que le permite permanecer sumergido durante treinta minutos a un máximo de un metro de profundidad. El terminal, como es habitual en la firma, incorpora Dual Sim, con la novedad de que, por primera vez, ambas tienen conectividad 4G. Con su capacidad de transmisión de datos de 1,3 GB por Segundo, Huawei afirma que estamos frente «al terminal mas rápido del mundo». El nuevo Huawei Mate 10 incorpora Android 8.0 Oreo y, para sacarle el máximo partido, estrena la octava versión de su software EMUI, especialmente pensada para sacar partido a la inteligencia del dispositivo. Junto al teléfono, Huawei suministra un cable (USB tipo C por un lado y HDMI por el otro), que permite conectar el terminal a la pantalla y poder trabajar con los contenidos y aplicaciones del móvil como si fuera un ordenador, teclado y ratón incluidos, y sin necesidad de acoplarlo a un Dock. Para Zhang, «En el futuro, el móvil será nuestro asistente y podrá responder correo, o incluso llamadas telefónicas, por nosotros. Este es el primer paso hacia la creación de un móvil inteligente y que nos comprende».
16-10-2017 | abc.es
Detectada una nueva vulnerabilidad en WhatsApp: pueden saber el tiempo que duermes
Pese a que la aplicación para dispositivos móviles cuenta con un sistema de cifrado de «extremo a extremo», uno de los más seguros de la actualidad, la versión para navegadores web contiene un pequeño agujero de seguridad. Un ingeniero de software ha detectado una vulnerabilidad en WhatsApp Web a través de la que es posible conocer información sobre su actividad mediante el indicador de «En línea» de la conocida aplicación de mensajería instantánea. Para ello, ha desarrollado una extensión para el navegador Google Chrome que es capaz de monitorizar la actividad de otros usuarios. El ingeniero Rob Heaton ha publicado un artículo en su página web personal donde detalla que WhatsApp permite a sus usuarios elegir qué personas pueden ver su última conexión en la aplicación (todo el mundo, todos sus contactos o nadie), pero no es posible ocultar el indicador de estado «En línea» que se muestra en tiempo real. En base a esta vulnerabilidad, este experto ha desarrollado una extensión para Google Chrome que, puesta en funcionamiento con la versión web de WhatsApp, permite monitorizar y elaborar una gráfica de las rutinas de actividad de la aplicación por parte de sus usuarios, y obtener así información personal tal como los hábitos de sueño de la persona espiada. Con todo, este experto ha planteado en su publicación un escenario en el que un individuo se vale de esta extensión, configurable «con cuatro líneas de JavaScript» -un lenguaje de programación-, para controlar los hábitos de uso de WhatsApp de una persona, y así determinar cuáles son sus horarios de sueño. Es más, ha logrado combinar los datos monitorizados de varios usuarios para precisar si estos están en contacto entre sí. El autor de esta extensión de Chrome ha alertado que estos datos podrían ser vendidos a aseguradoras de salud y agencias de crédito, «ambas muy suspicaces con gente que está despierta a las cuatro de la mañana».
16-10-2017 | abc.es
Inteligencia Artificial, la nueva salsa que alimenta a los móviles
El secreto no está ahora en la masa. Está en la salsa que empiezan a recibir algunos de los teléfonos móviles más punteros del mercado, la Inteligencia Artificial. Su introducción ya es un hecho en estos dispositivos. Gracias a estos sistemas, el aparato electrónico más revolucionario de los últimos años sobrepasa a una nueva dimensión cuyo objetivo es doble: cambiar la interacción humano-máquina y «aprender» de nuestros comportamientos. Todo un desafío para una industria esforzada en cambiar los hábitos de los consumidores. Y Huawei pretende hacerlo posible. Su nuevo terminal, el Mate 10, viene precedido de ese impulso en acercarse a la mente humana. Lo que hace posible esa «inteligencia» es su potente corazón. Llamado Kirin 970 es, sobre el papel, uno de los procesadores más avanzados del mercado. Con ello se convierte, de facto, en el primer «smartphone» en contar con un sistema de aprendizaje neuronal. El chip está fabricado con 8 núcleos en la CPU, 12 núcleos en la GPU y un desarrollo de llamado NPU -Neural Network Processor Unit- que resulta veinticinco veces más potente y cincuenta veces más eficiente en el reconocimiento de imágenes. Con ello se suma a la corriente que propone que la próxima generación de teléfonos móviles sean mucho más inteligentes al intentar emular el sistema neuronal del cerebro humano. Lo que pretende lograr este concepto de «smartphone» es dejar a un lado el comportamiento clásico de los ordenadores -recibir una instrucción y realizarla según su programación- para aventurarse en un nuevo escenario, ajustarse, modificar y devolver una actividad después de ir recibiendo impulsos diferentes. Es decir, «aprender». Grandes firmas del sector como I BM, Apple, Google o Microsoft han trabajado desde hace varios años en aplicar modelos de «machine learning» -aprendizaje automático- y más recientemente «deep learning» -aprendizaje profundo-. La gracia de todo esto es que se cambia el patrón de entrenamiento de las máquinas. Por regla general, un ordenador se comporta en función de su código de programación registrado. Con los nuevos sistemas se modifica radicalmente la forma de introducir datos. Se ofrecen supuestos y el propio ordenador alarga respuestas interpretativas. Por capas. Por diferentes niveles, logrando una retroalimentación constante y lograr que las máquinas «aprenden cosas muy complejas», apunta Fernando Corbacho, director general de Cognodata Consulting sobre IA y aplicación del «deep learning». Es como decirle a la máquina que diga qué observa en una imagen de un gato con un sombrero. Después de analizar otras fotos en las que reconoce la forma de un gato, el sistema acierta a pesar de introducir un elemento diferencial, el sombrero. Todo ello ha cambiado absolutamente la concepción de las máquinas y, pese a encontrarse en unos compases iniciales, auguran un futuro muy prometedor. Corbacho recalca a ABC que una de las virtudes de estas técnicas de «machine learning» es que tienen capacidad predictiva. «Puedes analizar todos los datos recibidos y algoritmos los comportamientos de, por ejemplo, los clientes o de los ciudadanos y anticipar lo que va a ocurrir», considera. Que cada vez sean mejores Para ello hay que entender algunas diferenciaciones. Existen tres estadios dentro de la IA, la cual está concebida para hacer «las máquinas más inteligentes». En otro estadio inferior se encuentra el machine learning, pensado para hacer que los ordenadores aprendan. Y luego se halla el deep learning, que se trata de unos «algoritmos más avanzados y potentes que están en la cresta de la ola». Ya se está usando aunque muchas personas lo desconocen. «Cuando hablas pro ejemplo con Siri, cuando hablas por Skype y su función de traducir de un idioma a otro, usa 'deep learning', y se está utilizando en muchos sitios. Es una tecnología que está por detrás y que permite que aprende de ti y de muchos usuarios. Al poder aprender cada vez es mejor y se adapta», insiste. Su traslado hacia el entorno móvil se encuentra precisamente en una fase incipiente. Concebido y diseñado para resolver operaciones sencillas, la Inteligencia Artificial dentro de un «smartphone» puede ser algo revolucionario. Pero se extiende a todo lo demás, como en los procesos robotizados en las empresas. «Para mí la IA es llegar a un punto en que una máquina toma cualidades de un humano. Ahora mismo, con el Big Data y la cantidad de sonorizaciones, llegar a las máquinas que pueden aprender por sí solas en base a patrones de uso y analizar el comportamiento, es tener una Inteligencia Artificial en todo, en el transporte, en el trabajo..», explica a este diario Manuel Fuertes, presidente de la firma especializada en innovación Kiatt, que trabaja entre nexo entre los científicos y la empresa. Para poder gestionar ese impulso Apple, precisamente, ha procurado extender sus tentáculos a otro terreno, el de las redes neuronales, en sus terminales iPhone 8 y próximamente el iPhone X. El surgimiento de su nuevo chip, A11 Bionic, viene en respuesta a ese interés creciente. Su resultado es, cuanto menos, sorprendente. «Es importante saber el tipo de planteamiento. Han metido un chip específico para procesar redes neuronales y no deja de ser sorprendente que metan en chips tan potentes para teléfonos que pueden trabajar con deep learning», añade Paco Serradilla, profesor de la ETSI de Sistemas Informáticos de la UPM. Con todo ello, la IA empieza a dejar de ser una mera utopía para ubicarse en nuestro día a día. El móvil, la próxima conquista.
13-10-2017 | abc.es
Whatsapp detectada una vulnerabilidad
Detectada una vulnerabilidad en WhatsApp que permite monitorizar los hábitos de sueño de sus usuarios. Un ingeniero de ha detectado una vulnerabilidad en la aplicación de mensajería WhatsApp a través de la que es posible conocer información sobre su actividad mediante el indicador de En línea de la aplicación. Para ello, ha desarrollado una extensión para el navegador Google Chrome que es capaz de monitorizar la actividad de otros usuarios. Leer en Frikipandi: Whatsapp: Detectada una vulnerabilidad en WhatsApp
12-10-2017 | enter.co
Lanix Ilium L1120: precio y disponibilidad en Colombia
Hoy está siendo presentado oficialmente el Lanix Ilium L1120, el nuevo dispositivo de la familia de Smartphones Lanix. En cuanto a especificaciones ténicas, este ejecuta con el sistema operativo Android 7.0 Nougat, además, la compañía promete que podrá actualizarse a Android 8.0 Oreo, la versión más reciente del sistema operativo de Google. Esta es una de […]
11-10-2017 | elpais.com
La Plaza de España de Barcelona aparece en Google Maps como Plaza del 1 de octubre
La multinacional señala que posiblemente un hacker haya cambiado el nombre de la ubicación
09-10-2017 | enter.co
Con este experimento, Google te enseña a usar aprendizaje de máquinas
¿Cómo funciona el aprendizaje de máquinas y para qué sirve? Probablemente, en los últimos años has leído en alguna parte que algún dispositivo o servicio usa esta tecnología de inteligencia artificial. Pero por más que te expliquen las bases de este método, muchas veces la mejor forma de captarlo, es con tus propias manos.Continúa leyendo […]
09-10-2017 | enter.co
Rusia pagó anuncios en Google para influir en elecciones de EE. UU.
Una investigación de Google reveló evidencia de que una campaña del gobierno ruso utilizó las plataformas de la compañía para difundir propaganda diseñada para influenciar a los estadounidenses en la época de las elecciones de 2016. El informe de la compañía sigue los pasos de pasadas investigaciones de Facebook y Twitter que descubrieron anuncios similares.Continúa leyendo en […]
08-10-2017 | abc.es
Ropa inteligente: la próxima revolución, una moda pasajera o más humo para el sector
Los tenemos superados. A los teléfonos móviles. Ya forman parte de la jungla de objetos que portamos cada día. Nos hacen la vida más fácil. Porque, a pesar que todavía haya quien los vea como un aparato para hacer llamadas, nos miniordenadores en donde alojamos nuestra vida entera. Al calor de la sensorización de la sociedad, los dispositivos llamados «wearables» -ponibles, en español- siguen su cruzada. Estos aparatos por así decirlo han mutado en múltiples formas. Bajó el capó de muchas propuestas se encuentran microchips, sensores y un largo ecosistema casi invisible e incomprensible para un usuario medio que prometen hacer más cómodas algunas actividades. Se llevaba tiempo reclamando en la industria, pero no ha sido hasta que Google y Levi?s, unidos a través de Project Jacquard, han decidido diseñar una chaqueta inteligente. Bueno, inteligente, inteligente no lo es. Tal vez tampoco lo pretenda. Esta prenda incorpora unas conectividades que llegan hasta el teléfono móvil. Con ella puesta el usuario puede realizar algunas funciones (limitadas, eso sí) como controlar el volumen del reproductor de música, establecer llamadas telefónicas o recibir impulsos desde la aplicación Google Maps, algo útil por ejemplo cuando caminas y necesitas orientarte. Una operación más rápida que requerir la extracción del terminal del bolsillo y hacerlo de manera manual. El proyecto tiene en claro lo que pretende hacer: diseñar prendas tecnológicas o inteligentes. El secreto de esta «cazadora» se encuentra en sus 15 hilos conductores que van entretejidos en la tela y que confieren sensibilidad al tacto. Esta primera chaqueta vaquera de estilo «vintage» está, por ahora, disponible únicamente en algunos puntos de venta en EE.UU. Su precio, algo descabellado, la verdad: 350 dólares. Una cifra que la convierte, de facto, en moda exclusiva y diferencial. Como los teléfonos móviles inteligentes en sus inicios. No deja de ser un experimento curioso que, más allá de de su intencionalidad, ambas marcas ya han logrado lo que pretendían, un reclamo publicitario. Algunos prometedores ensayos, pero solo ensayos Acerca de la «ropa inteligente» se han visto numerosos proyectos, mejor o peor desarrollados. La «startup» española First1Vision creó una camiseta pensada para el deporte. Tuvo bastante repercusión. Otro español, Xavier Verdaguer, pensó en su caso una sudadera pensada para leer «tuits». Sí, como lo leen. Con algunas prácticas funciones, la cosa quedó ahí. Hasta Nike más recientemente ha logrado integrar en unas camisetas un chip NFC para obtener información útil para generar estadísticas de los jugadores de la NBA. Intel, el gran proveedor de componentes informáticos, no dejó indiferente a nadie con su Butterfly Dress, un vestido con sensores de proximidad y fibras ópticas para crear asombrosas representaciones si se estimula con impulsos eléctricos externos. El resultado era, cuanto menos, curioso, pero muy probablemente jamás lo lleve una persona en la calle. Otro ejemplo se encuentra en los proyectos iniciados en el Instituto Tecnológico Textil (AITEX), que entre otras cosas ha desarrollado un nuevo tejido para ropa de bebé para evitar las radiaciones ultravioleta. Se caracteriza por sus propiedades antimicrobianas y por su elevado nivel de protección frente a la radiación ultravioleta. Más márketing que otra cosa Pero, siendo sinceros, ¿tiene sentido la ropa inteligente? ¿Tiene futuro? «Los usos de los wearables necesitan diferenciarse de aquello que ya ofrecen los smartphones», sostiene Angela McIntyre, de la consultora Gartner. En el caso de Google y Levi?s, que dos empresas antagónicas se unan para meterse en el mercado de la moda inteligente es una decisión «muy buena» para Pedro Diezma, fundador y responsable de la empresa española Zerintia, que se encarga de desarrollos para «wearables». Uno de sus últimos inventos ha sido un chaleco pensado para profesionales de la construcción y que les permite, gracias a una serie de sensores desplegados, una detección de las caídas y gases tóxicos. En su opinión, la llamada «moda inteligente» aún le queda tiempo para su boom comercial, pero si surgen nuevas alianzas entre empresas textiles y tecnológicas puede «incentivar a que otras marcas del sector se lance». El estado de esta tecnología se encuentra, por ahora, en una fase demasiado experimental. «Este tipo de cosas sirve para medir el curso del mercado y ver la demanda final que tiene». sostiene Diezma, al tiempo que recalca el acierto como reclamo de marketing para ambas firmas. Batería y usos como la madeja a resolver Aunque esta tecnología puede decirse que solo encuentra el límite en la imaginación, lo cierto es que el de la ropa inteligente es un mercado que «todavía no ha explotado» salvo en contados nichos enfocados a profesionales. «Estamos al inicio de una buena revolución, pero hace falta ver qué usos tiene». Dado su fuerte componente experimental, la evolución de este tipo de propuestas dependerá, en parte, a la capacidad para resolver tres de los principales obstáculos. Uno de ellos es, sin duda, el mismo problema que sufren la mayoría de relojes inteligentes o «smartwatches» como los Apple Watch o Samsung Gear, la duración de sus baterías. La escasa autonomía puede provocar que, como en el caso de las pulseras de monitorización, caigan en el olvido de un cajón. Pero además de este incordio, los expertos también definen otros dos problemas adicionales, el verdadero uso y el precio. «También es una parte de que esos sensores y esa información te sea útil, te ahorre tiempo o que dé una información que sea valiosa», insiste Diezma. La situación es evidente: nos encontramos en una sociedad «kleenex», de consumo rápido, en donde los ciudadanos quieren resultados lo más inmediato posibles. Y no siempre sucede tal cosa, al menos en la tecnología, donde no siempre va al ritmo deseado. Pero, además de esto, los expertos creen que viene aparejado un problema aún mayor, el dinero. «Es necesario democratizar los precios», sugiere. «Cuando se junten esas cosas, que llegaremos, y notemos un impacto en nuestras vidas, vamos a utilizar mucho este tipo de wearables. Le quedarán dos o tres años que se empiecen a verse en la sociedad». El «gadget» textil creado entre ambas empresas tiene mayor impacto por ser las marcas que son, pero tampoco representa un gran avance. De hecho, como recuerda Virginia García, directora de la Unidad de Functional Textile del Centro Tecnológico de Cataluña (Eurecat), hace ya varios años que se creó una chaqueta con botones táctiles capacitivos que podían interatuar, en este caso, con el reproductor iPod. Ahora, vuelve un proyecto similar. «Es un desarrollo muy antiguo que ahora vuelve a estar de moda porque Google y Levi's acaban de hacer lo mismo». En su opinión, «es muy importante que empresas de esta repercusión hagan este tipo de innovaciones que se han estado trabajando desde hace mucho tiempo porque así se vuelve a hablar de esto. Y así los emprendedores pueden ir trabajando en esa línea», subraya. Respecto a si estas prendas inteligentes se convertirán en algo masivo, «es difícil de pensar» así. Y desgrana varias limitaciones. «Que la ropa incorpore todo este tipo de interactividad en algo que se cambia a menudo requeriría incorporar esta tecnología en cada prenda, y contempla costes muy importantes». Por esta razón, para convertirse en un producto de gran consumo «todavía no está preparado, pero es cierto que estamos cada vez mas cerca». El deporte se encuentra en el punto de mira de la ropa inteligente, porque «nos permite avanzar mucho en la tecnología porque nos porta comodidad, confort, disponer de los dispositivos mas fácilmente, obtener datos». Su opinión es tajante: «Todavía no estamos en el momento de masificarlo» porque tiene su coste añadido y tendrá una serie de limitaciones, pero es un buen momento para poner en primera línea lo que la ropa puede hacer si la tecnología está mas cerca. «Es abrir un poco la mente y utilizar el textil, que es lo que esta mas próximo de mi cuerpo, para añadir algún elemento tecnológico y aprovecharlo.
08-10-2017 | abc.es
Ropa inteligente: próxima revolución, moda o humo
Los tenemos superados. A los teléfonos móviles. Ya forman parte de la jungla de objetos que portamos cada día. Nos hacen la vida más fácil. Porque, a pesar que todavía haya quien los vea como un aparato para hacer llamadas, nos miniordenadores en donde alojamos nuestra vida entera. Al calor de la sensorización de la sociedad, los dispositivos llamados «wearables» -ponibles, en español- siguen su cruzada. Estos aparatos por así decirlo han mutado en múltiples formas. Bajó el capó de muchas propuestas se encuentran microchips, sensores y un largo ecosistema casi invisible e incomprensible para un usuario medio que prometen hacer más cómodas algunas actividades. Se llevaba tiempo reclamando en la industria, pero no ha sido hasta que Google y Levi?s, unidos a través de Project Jacquard, han decidido diseñar una chaqueta inteligente. Bueno, inteligente, inteligente no lo es. Tal vez tampoco lo pretenda. Esta prenda incorpora unas conectividades que llegan hasta el teléfono móvil. Con ella puesta el usuario puede realizar algunas funciones (limitadas, eso sí) como controlar el volumen del reproductor de música, establecer llamadas telefónicas o recibir impulsos desde la aplicación Google Maps, algo útil por ejemplo cuando caminas y necesitas orientarte. Una operación más rápida que requerir la extracción del terminal del bolsillo y hacerlo de manera manual. El proyecto tiene en claro lo que pretende hacer: diseñar prendas tecnológicas o inteligentes. El secreto de esta «cazadora» se encuentra en sus 15 hilos conductores que van entretejidos en la tela y que confieren sensibilidad al tacto. Esta primera chaqueta vaquera de estilo «vintage» está, por ahora, disponible únicamente en algunos puntos de venta en EE.UU. Su precio, algo descabellado, la verdad: 350 dólares. Una cifra que la convierte, de facto, en moda exclusiva y diferencial. Como los teléfonos móviles inteligentes en sus inicios. No deja de ser un experimento curioso que, más allá de de su intencionalidad, ambas marcas ya han logrado lo que pretendían, un reclamo publicitario. Algunos prometedores ensayos, pero solo ensayos Acerca de la «ropa inteligente» se han visto numerosos proyectos, mejor o peor desarrollados. La «startup» española First1Vision creó una camiseta pensada para el deporte. Tuvo bastante repercusión. Otro español, Xavier Verdaguer, pensó en su caso una sudadera pensada para leer «tuits». Sí, como lo leen. Con algunas prácticas funciones, la cosa quedó ahí. Hasta Nike más recientemente ha logrado integrar en unas camisetas un chip NFC para obtener información útil para generar estadísticas de los jugadores de la NBA. Intel, el gran proveedor de componentes informáticos, no dejó indiferente a nadie con su Butterfly Dress, un vestido con sensores de proximidad y fibras ópticas para crear asombrosas representaciones si se estimula con impulsos eléctricos externos. El resultado era, cuanto menos, curioso, pero muy probablemente jamás lo lleve una persona en la calle. Otro ejemplo se encuentra en los proyectos iniciados en el Instituto Tecnológico Textil (AITEX), que entre otras cosas ha desarrollado un nuevo tejido para ropa de bebé para evitar las radiaciones ultravioleta. Se caracteriza por sus propiedades antimicrobianas y por su elevado nivel de protección frente a la radiación ultravioleta. Más márketing que otra cosa Pero, siendo sinceros, ¿tiene sentido la ropa inteligente? ¿Tiene futuro? «Los usos de los wearables necesitan diferenciarse de aquello que ya ofrecen los smartphones», sostiene Angela McIntyre, de la consultora Gartner. En el caso de Google y Levi?s, que dos empresas antagónicas se unan para meterse en el mercado de la moda inteligente es una decisión «muy buena» para Pedro Diezma, fundador y responsable de la empresa española Zerintia, que se encarga de desarrollos para «wearables». Uno de sus últimos inventos ha sido un chaleco pensado para profesionales de la construcción y que les permite, gracias a una serie de sensores desplegados, una detección de las caídas y gases tóxicos. En su opinión, la llamada «moda inteligente» aún le queda tiempo para su boom comercial, pero si surgen nuevas alianzas entre empresas textiles y tecnológicas puede «incentivar a que otras marcas del sector se lance». El estado de esta tecnología se encuentra, por ahora, en una fase demasiado experimental. «Este tipo de cosas sirve para medir el curso del mercado y ver la demanda final que tiene». sostiene Diezma, al tiempo que recalca el acierto como reclamo de marketing para ambas firmas. Batería y usos como la madeja a resolver Aunque esta tecnología puede decirse que solo encuentra el límite en la imaginación, lo cierto es que el de la ropa inteligente es un mercado que «todavía no ha explotado» salvo en contados nichos enfocados a profesionales. «Estamos al inicio de una buena revolución, pero hace falta ver qué usos tiene». Dado su fuerte componente experimental, la evolución de este tipo de propuestas dependerá, en parte, a la capacidad para resolver tres de los principales obstáculos. Uno de ellos es, sin duda, el mismo problema que sufren la mayoría de relojes inteligentes o «smartwatches» como los Apple Watch o Samsung Gear, la duración de sus baterías. La escasa autonomía puede provocar que, como en el caso de las pulseras de monitorización, caigan en el olvido de un cajón. Pero además de este incordio, los expertos también definen otros dos problemas adicionales, el verdadero uso y el precio. «También es una parte de que esos sensores y esa información te sea útil, te ahorre tiempo o que dé una información que sea valiosa», insiste Diezma. La situación es evidente: nos encontramos en una sociedad «kleenex», de consumo rápido, en donde los ciudadanos quieren resultados lo más inmediato posibles. Y no siempre sucede tal cosa, al menos en la tecnología, donde no siempre va al ritmo deseado. Pero, además de esto, los expertos creen que viene aparejado un problema aún mayor, el dinero. «Es necesario democratizar los precios», sugiere. «Cuando se junten esas cosas, que llegaremos, y notemos un impacto en nuestras vidas, vamos a utilizar mucho este tipo de wearables. Le quedarán dos o tres años que se empiecen a verse en la sociedad». El «gadget» textil creado entre ambas empresas tiene mayor impacto por ser las marcas que son, pero tampoco representa un gran avance. De hecho, como recuerda Virginia García, directora de la Unidad de Functional Textile del Centro Tecnológico de Cataluña (Eurecat), hace ya varios años que se creó una chaqueta con botones táctiles capacitivos que podían interatuar, en este caso, con el reproductor iPod. Ahora, vuelve un proyecto similar. «Es un desarrollo muy antiguo que ahora vuelve a estar de moda porque Google y Levi's acaban de hacer lo mismo». En su opinión, «es muy importante que empresas de esta repercusión hagan este tipo de innovaciones que se han estado trabajando desde hace mucho tiempo porque así se vuelve a hablar de esto. Y así los emprendedores pueden ir trabajando en esa línea», subraya. Respecto a si estas prendas inteligentes se convertirán en algo masivo, «es difícil de pensar» así. Y desgrana varias limitaciones. «Que la ropa incorpore todo este tipo de interactividad en algo que se cambia a menudo requeriría incorporar esta tecnología en cada prenda, y contempla costes muy importantes». Por esta razón, para convertirse en un producto de gran consumo «todavía no está preparado, pero es cierto que estamos cada vez mas cerca». El deporte se encuentra en el punto de mira de la ropa inteligente, porque «nos permite avanzar mucho en la tecnología porque nos porta comodidad, confort, disponer de los dispositivos mas fácilmente, obtener datos». Su opinión es tajante: «Todavía no estamos en el momento de masificarlo» porque tiene su coste añadido y tendrá una serie de limitaciones, pero es un buen momento para poner en primera línea lo que la ropa puede hacer si la tecnología está mas cerca. «Es abrir un poco la mente y utilizar el textil, que es lo que esta mas próximo de mi cuerpo, para añadir algún elemento tecnológico y aprovecharlo.
157