Los 5 momentos más difíciles de la historia de Facebook

04-02-2019 - abc.es
Los 5 momentos más difíciles de la historia de Facebook
Quince años dan para mucho, y más en términos tecnológicos, donde el paso del tiempo se mide en innovaciones. La historia de Facebook representa un tiovivo de aportaciones y gestas empresariales a imitar, pero también, como una de las empresas más palmarias en la retención y análisis de datos personales, ha estado plagada de escándalos. Unos casos protagonizados por la actualmente mayor red social del mundo que, pese a todo, no le ha pasado factura a sus resultados económicos. Es posible que no inventara las redes sociales pero sí ha creado la dependencia de ellas. Un comienzo difícil plagado de mentiras Los vericuetos de la firma estadounidense parten de una universidad, Stanford, que fue el caldo de cultivo de un servicio que en principio estaba destinado al consumo interno. La primigenia plataforma se hizo llamar «Facemash». Un espacio destinado a puntuar a las chicas del campus. Fue contagioso. Era el año 2003 pero ya se había colocado la primera piedra de lo que sería un imperio (virtual). No nació, sin embargo, en medio de un colchón de rosas, puesto que para hacerlo posible «alguien» accedió a la base de datos de la universidad para hacerse con miles de fotografías de las estudiantes. Lo que explotaba el morbo y los instintos más bajos es, curiosamente, lo que ha sostenido todo el servicio durante este tiempo; el «me gusta» se ha convertido en el código más básico para introducirse en su pequeño gran universo. Aquella semilla forma de directorio tuvo como jardineros a Mark Zuckerberg, que se encargó de desarrollar «The Facebook» un año después, junto a sus compañeros Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes. Todos ellos apartados antes de que la empresa se regara en millones. Y, como toda idea brillante, no estuvo exenta de polémicas. Los empresarios gemelos Winklevoss (Cameron y Tyler) denunciaron a Zuckerberg de aprovecharse y copiar su idea, lo que dio inicio a un litigio por un montante de 20 millones de dólares. También Paul Ceglia, un diseñador de páginas web, le reclamó la mitad de la propiedad al entender que se había aprovechado de sus conocimientos. Ahora esos episodios son agua pasada, pero sus difíciles comienzos le sirvieron al servicio para ir rápidamente cosechando éxitos. Bajo la lupa de la UE Aunque, no obstante, su principal negocio, la publicidad online, ha estado estrechamente vigilado durante este tiempo por organismos como la Unión Europea (UE). Facebook, que parece no haber encontrado su techo, ha venido adquiriendo servicios a los que se han tenido que dar autorización previa. La compra de WhatsApp, en 2014, en una de las maniobras más alocadas de la industria, se pasó por el filtro de la revisión al entender que perjudicaba a los usuarios. Ese posible cruce de datos personales entre ambas plataformas ha sido el caballo de batalla de los garantes de la privacidad, aunque la compañía estadounidense siempre lo ha negado. No salió totalmente indemne, puesto que la UE multó a Facebook con 100 millones de euros al entender que había mentido cuando informó de esta adquisición. Siempre que ha tenido la oportunidad, los organismos internacionales han presentado sus dudas sobre su turbio sistema de tratamiento de datos de sus usuarios. La injerencia en las elecciones de Trump Uno de los momentos más delicados en su trayectoria se produjo a partir de 2016, coincidiendo con las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Aquellas en las que Donald Trump, contra todo pronóstico, se alzó con la victoria. Desde entonces, la red social ha orbitado sobre su dejadez a la hora de albergar anuncios falsos y publicaciones encaminadas a desinformar a la población. Una espinosa situación que ha dado comienzo a la era de las «fake news», las mentiras consentidas que han aprovechado la naturaleza de los medios sociales para enredar y difundir bulos. Facebook ha servido de altavoz para grupos extranjeros, muchos de ellos vinculados incluso al Kremlin, en aras de influir a favor del rubio magnat que en solo un año de presidencia ha agitado medio planeta con sus controvertidas decisiones. Este escenario se ha alumbrado por culpa de la ausencia de filtros de calado para frenar la proliferación de las mentiras. Al contrario de lo que cabría esperar, Facebook ha consentido su difusión, ha fomentado incluso las «fake news» al dar cobijo a grupos de personas malintencionadas porque jamás había pensado en modificar ni un ápice en su modelo de negocio, basado en la publicidad online. Pero, a su vez, ha demostrado la facilidad de manipular mentes. La fuga de datos Cambridge Analytica Más terrible fue la fuga de datos de Cambridge Analytica. Más de 87 millones de usuarios fueron corrompidos para diseñar campañas electorales, para rebasar la frontera de lo privado. Aunque ha tenido varias aristas, maquilladas siempre, marzo de 2018 marcó un punto de inflexión en la historia de la red social. Fue el día en que la humanidad empezó a mirar con cierto recelo a Facebook. Su descrédito ha venido a más. Y más asumiendo, de facto, sus dudosas prácticas alrededor de su base de datos, el petróleo de que ha extraído la esencia de su negocio. A partir de entonces, organismos internacionales, comandados si cabe por los reguladores europeos, han sancionado duramente a la compañía, aunque ha sabido capear la situación pese a recibir duros suspensos en privacidad. Facebook se enredó y no supo anticiparse a su mayor crisis. Zuckerberg, de hecho, tuvo que aparecer en diversas audiencias y ser interrogado hasta la saciedad en varias instituciones públicas, el Congreso y Senado de Estados Unidos o el Parlamento Europeo. Y, por el camino, también se descubrió otra brecha de seguridad que dejó expuestos a más de 50 millones de personas. El boicot a favor de su eliminación Después de todo la confianza de los usuarios todavía se ha recuperado, pero pese a las reiterada críticas y la campaña pidiendo su eliminación, apenas se ha resentido su imperio. Más bien al contrario; Facebook ha seguido ganando usuarios (cuenta en la actualidad con unos 2.340 millones de usuarios), ha recuperado lo perdido en territorios como el europeo y ha logrado descubrir nuevos mercados que explotar como el asiático. Y, para colmo, sus adquisiciones han sido sus grandes victorias, puesto que Zuckerberg, como buen visionario, supo analizar los cambios de los usuarios, sacando provecho de los nuevos ecosistemas como el móvil y acercándose, con fenómenos como Instagram, a un público más joven que mira más allá.